lunes, 16 de noviembre de 2020

Reel 2

Un asesino en serie con ínfulas artísticas cinematográficas es un interesante punto de partida, y bien que lo sabe exprimir el demente director canadiense C. G. Goodwin. Porque demente debe ser alguien que rueda tal cúmulo de barbaridades con tanta soltura y mordacidad que haría que cualquier alma medio sensible saliera por patas. Nosotros tenemos el corazón de piedra -eso de la edad y el músculo cinéfilo- y, por ello, hemos disfrutado como los enanos psicópatas que somos. La estética sucia, la brutalidad por la brutalidad o el humor negrísimo nos pone como motos, pese a que los mareantes movimientos de la cámara subjetiva nos provocaron dolor de tarro, lo que indica que estamos peor de lo que pensábamos. No es una obra maestra del cine, ni del gore, pero barruntamos que la primera entrega está en la misma línea, por lo que nos hemos propuesto verla sin falta.

Puntuación @tomgut65: 6/10



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