Uno de los momentos clave del cristianismo e icónico de la historia de la humanidad, es recreado de forma fidedigna en contenido y casi en forma también. En lo que cuenta se han trasladado literalmente a la pantalla textos sagrados extraídos de los cuatro Evangelios, y además, lo hace en los idiomas de la época: arameo, hebreo y latín, sin opción de doblaje, y salvo eruditos en lenguas antiguas, con subtítulos obligatorios. En el modo de ejecutarlo, es donde se superan ciertos límites, ya que si la puesta en escena, el diseño de vestuario y el maquillajes son espectaculares, sobra la excesiva secuencia del azotamiento, apenas descrita en los escritos bíblicos, donde la sangre fluye a borbotones y que se ensaña innecesariamente. Todo lo anterior y posterior, sin duda es magistral, desde las sentidas interpretaciones a la soberbia dirección, dejando para la posteridad un documento gráfico duro de presenciar pero artísticamente impresionante.
Mi puntuación: 8/10

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