Doce años han pasado para la aparición de la secuela de El médico, película de éxito moderado allá por el 2013 basada en la novela superventas de Noah Gordon. En esta ocasión se parte de un guion original, no hay base literaria posterior a la obra inicial: año 1034, Rob Cole, ya convertido en médico, regresa a su Inglaterra natal con la intención de practicar la medicina y abrir una escuela en la que enseñarla. Si en la etapa discipular topó con la intolerancia y la superstición en el medio oriente, los obstáculos en su tierra no serán muy diferentes, incluso agravados por el enorme atraso de los conocimientos sanitarios. Pasamos, pues, por un proceso similar a la primera cinta, la lucha desigual contra fuerzas poderosas imbuidas de un feroz fanatismo.
Por si fuera poco, Cole ha perdido a su mujer y ha de cuidar de un hijo neonato en plenas luchas intestinas por el poder en el Reino anglosajón. Los múltiples acontecimientos en rápida sucesión no dan un respiro al espectador, los personajes entran y salen sin profundizar demasiado en motivaciones o consecuencias más allá de las evidentes; en ese aspecto difiere, para mal, de la primera película, en ella conocíamos bien todo lo que empujaba las aspiraciones del personaje principal y los secundarios gozaban de un mayor sentido. Por lo demás, en lo formal mantiene el buen nivel en ambientación y escenografía por lo que como espectáculo cinematográfico no puede haber objeción alguna.
Son muchas las teclas que toca esta producción germana, así que no es descartable una segunda secuela si salen las cuentas en las taquillas y obtiene un buen balance al pasar por las plataformas, cada día más importantes en la rentabilidad de las producciones tras la exhibición en las grandes pantallas de los cines.

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