Ha costado, pero al fin se pudo estrenar este peculiar largometraje que junta acción real con animación, aunque esta es la mezcla menos sorprendente. Lo curioso es cómo convierte la sencilla premisa cómica de unos dibujos clásicos en una película judicial con una base muy sólida. Además, utilizan el sufrimiento del pobre Coyote, provocado por los continuos fallos de los productos Acme, en toda una lección de vida. No obstante, lo principal son los continuos gags derivados de juntar en el mismo escenario a humanos y Looney Tunes, una fórmula que lleva funcionando muchos años y que en esta ocasión lo hace con una refrescante vuelta de tuerca. Quizás tanta profundidad narrativa, términos legales y localizaciones judiciales sean una barrera un tanto farragosa para los menores de edad, pero para los adultos que disfrutamos y empatizamos con la eterna persecución infructuosa del Correcaminos, asistir a este ajuste de cuentas es casi una epifanía.
Mi puntuación: 7/10

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