Alegoría sobre el origen de la vida, no de la vida física como tal, si no la esencia de ella, lo que llamamos alma, y la conciencia, el conocimiento y las experiencias vitales que la conforman: Un hombre, quizá divino o cercano a la divinidad, juzga y decide que almas neonatas podrán ocupar el espacio en el mundo que ha dejado una persona al morir. Todas tienen nueve días para convencer de su idoneidad para trascender a la existencia corporal. Puede parecer un embrollo metafísico, pero su director y guionista, el brasileño Edson Oda, controla cualquier tentación de enredar con cuestiones y simbolismos que solo entendería él; el significado del mensaje queda meridianamente claro, y el epílogo lo eleva hasta emocionar a los reacios. Como leer uno de esos libros de autoayuda, aunque en este caso sí que puede servir de algo.
