Esta locura que empezó en julio de dos mil diecinueve llega a su fin en una quinta temporada que no decepcionará a sus fans más acérrimos, y como era de esperar, todo gira alrededor de Patriota, sus delirios de grandeza y el modo de pararle los pies. A lo largo de los ocho capítulos que tienen para intentarlo, la crítica feroz a la sociedad y a las políticas capitalistas, concretamente la estadounidense, es constante y despiadada, construyendo un mensaje donde el miedo es la principal arma para transmitirlo.
Más allá de la sátira hiperbólica, otro de los objetivos de esta última entrega es despedir, de un modo u otro, a un buen número de personajes, haciéndoles pasar a mejor vida de manera figurada o literal. Casi se puede asegurar que los seguidores de esta ficción no quedarán decepcionados con un desenlace justo, prácticamente sin fisuras y, si así lo deciden quienes mandan, lo suficientemente cerrado como para que no haya necesidad de secuelas. Después de tantos años, es una pena no poder seguir disfrutando con las vaciladas de Carnicero, el buenismo de Hughie, la miseria de Profundo, las puyas de "los chicos" o la falta de autoestima del hombre más poderoso del mundo.
Aun así, lo que nos queda para la posteridad es una producción que por suerte no se ha cortado un pelo a la hora de mostrar violencia desmedida, perversiones sexuales y superpoderes estrambóticos; un mundo formalmente a años luz de distancia del nuestro, pero que a nivel moral, por desgracia, no está tan alejado.
Mi puntuación Temporada final: 7/10
Mi puntuación Serie completa: 7/10






