Los biopics sobre mitos de la música se han puesto de moda últimamente con películas sobre Freddie Mercury, Elvis Presley o Elton John, y por supuesto no podía faltar uno de los más grandes, Michael Jackson, y al igual que los demás, dos son las claves que lo hacen funcionar. La primera es la música, mérito del artista original, la cual, solo con escucharla, te eriza la piel y te dan ganas de mover el esqueleto evocando a una época mágica. La segunda es la actuación de su protagonista, en este caso el sobrino del propio rey del pop, quien se convierte en una réplica a nivel visual, vocal y danzante de su tío, siendo con diferencia lo mejor de la película. En lo formal estamos ante una narración contada de forma directa, en orden cronológico y de manera funcional, que en los momentos dramáticos no hace sangre para centrar toda la atención en unos números musicales espectaculares. Eso sí, este largometraje solo cubre la primera mitad de la vida de Michael Jackson, su época más polémica se ha dejado para una o varias secuelas que veremos si salen a la luz.
Mi puntuación: 7/10






