Los largometrajes postapocalípticos siempre han dado mucho juego en el mundo del cine, y después de la pandemia del COVID-19 era casi inevitable adaptar a la gran pantalla la novela homónima de dos mil doce que parece casi premonitoria, no tanto por cómo se desarrollan los hechos sino por la causa de los mismos. Para llevarla a cabo tenemos a un reputado realizador como Ridley Scott, quien simplemente se deja llevar tras las cámaras aportando muy poco en una película que, si no lo supieras de antemano, podría estar dirigida por cualquiera. Delante de la cámara ocurre más de lo mismo, un reparto genérico y funcional que cumple dando forma a unos personajes cuyos dramas internos se atisban mucho más profundos y relevantes de lo que el guion desarrolla. Y precisamente esta es la mayor flaqueza de esta impoluta y vacía producción, una historia que parece un "copia y pega" de tantas otras parecidas, y que no destaca ni deja huella más allá del somero entretenimiento que acaba siendo.
Mi puntuación: 5/10






