El éxito de crítica, público y premios de la entrega inicial ponía las expectativas por las nubes de cara a una segunda que sin duda no ha defraudado. Para logarlo han mantenido los firmes cimientos que sostenían su predecesora y los han reforzado con nuevos e interesantes fichajes que mejoran un reparto de por sí brillante. Por supuesto, la cara más visible de la serie no solo sigue presente, si no que ha ganado protagonismo tras la infinidad de reconocimientos que recibió Noah Wyle interpretando al doctor Robby, convirtiéndose en uno de los personajes más trabajados y tridimensionales de la ficción televisiva actual cuya lucha interna focaliza la trama principal de una temporada con infinidad de ramificaciones argumentales que no dan un respiro en cada uno de los quince capítulos que la componen.
Y es que otra de las claves para que este hospital telenovelesco enganche con tanta vehemencia son las distintas historias de los pacientes que desfilan de forma constante e incesante, y que pese a contar con otro acontecimiento global no tan impactante como el de la anterior entrega, son estos pequeños dramas cotidianos los que calan en el espectador, en ocasiones demasiado. Veremos que nos depara el futuro, pero mientras sigan con este nivel tan alto de actuaciones y guiones, tenemos foso para años.
Mi puntuación: 7/10






