Debut en la dirección de Francis Ford Coppola con un thriller auspiciado por el que fuera durante décadas representante máximo de la serie B y el cine de explotación: el cineasta, guionista, actor y productor Roger Corman. Gracias a él, también Scorsese, Bogdanovich o Cameron, entre otros, tuvieron la oportunidad de ser presentados en sociedad y abrirse camino en eso del séptimo arte. La demencia en cuestión la sufre una familia tras la muerte de la hermana pequeña, un trauma familiar cuyas secuelas arrastran madre y hermanos; al embrollo se añade una futura herencia. Coppola, autor además del guion y con apenas 23 primaveras, demuestra bisoñez e impericia agravadas por el escasísimo presupuesto en una historia pretendidamente de terror psicológico que se inclina en el último tercio por el gore, dentro, claro, de los límites que permitían la época, 1963, y la generosidad del que ponía la pasta, el señor Corman. Los inicios en un oficio siempre son duros, pero en este caso y por fortuna sirvieron para que ese chaval italoamericano de Nueva York pudiera posteriormente darle al mundo varias obras maestras.
Puntuación @tomgut65: 5/10
