Cuatro versiones distintas de un mismo hecho, cada una contradice a las otras; la memoria es frágil y los intereses particulares de los participantes y testigos deforman la realidad hasta ser imposible entrever la verdad. Estamos ante la primera pieza maestra que encumbró el prestigio de su director, Akira Kurosawa, a lo más alto. Motivos para ello no faltan, aunque tampoco faltan objeciones sobre una calidad sublime que el paso del tiempo puede haya aminorado, de cualquier modo, su valor histórico-cinematográfico es incuestionable. En la película se plantean cuestiones universales sobre el ser humano: si la bondad y la honradez le son inherentes o lo son la malignidad y la hipocresía, o si la violencia y la venganza tienen sentido en ciertos momentos. Planteamientos sombríos en los que la Humanidad no sale bien parada, pero sin renunciar nunca a percibir un fondo esencial de bondad que nos permite albergar esperanzas en un futuro mejor. Sobreactuada -como en el teatro tradicional japonés, el Kabuki- y con elementos fantásticos en el desarrollo narrativo, es de interés imprescindible para todo cinéfilo que se precie, como lo es, aun más si cabe, toda la filmografía de Kurosawa.
Puntuación @tomgut65: 7/10

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