Entre el 1953 y el 1963 el genial Luis García Berlanga legó al cine español varias obras maestras: “Bienvenido, Mister Marshall”, “Los jueves, milagro”, Plácido o El verdugo. Cuatro maravillas entre las que intercaló una quinta en 1956 con el nombre por título de un pueblo costero imaginario, Calabuch, que era en realidad el castellonense Peñíscola. Berlanga elaboró una alegoría que idealizaba la vida en una pequeña comunidad de gente corriente, solidaria y apegada a sus tradiciones; un entrañable cuento pacifista en el que un personaje que ha contribuido a la guerra busca la redención y la paz alejado del mundo entre personas ajenas al militarismo y la belicosidad. Cinta coral, tal y como gustaba el ilustre cineasta valenciano, en la que brillan el costumbrismo y el humor candoroso de una fauna humana reconocible por el público como parte de la idiosincrasia española. Con los años la comicidad berlanguiana se iría avinagrando gradualmente, aunque sin perder nunca el fondo ácrata/humanista ni tampoco su carácter propio.

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