Una comedia sarcástica y de furibundo antibelicismo no era aceptable para el establishment gubernamental en aquel 1970, la guerra de Vietnam se hallaba en el clímax y polarizaba a la sociedad norteamericana. Por tanto, se trasladó la acción a Corea, un conflicto ya apartado en el tiempo, para evitar de ese modo cualquier intento de censura o veto desde el ejército o la Casa Blanca. El director, Robert Altman, se esmeró en la reconstrucción de los hospitales móviles, pero, sobre todo, en acentuar el carácter caótico y burlesco del sistema militar que pretendía reflejar el guion; continuas chanzas y payasadas se suceden durante el metraje, incluyendo las más agrias que no pasarían ningún filtro actual por su contenido machista y homófobo, junto a otras tan incorrectas como ofensivas a cualquier otra minoría o mayoría. Ha envejecido un poco mal y aun así mantiene potentes cargas de profundidad ácratas y antisistema muy adaptables a la realidad presente.

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