Una “true story”, es decir, hecho real reconstruido aquí en forma de thriller de supervivencia: un buzo que trabaja a gran profundidad sufre la rotura del suministro de oxígeno y el de reserva solo le ha de durar diez minutos. El trance sucede en un escenario aterrador por la total oscuridad del fondo marino, el frío, la soledad y la inexorable cuenta atrás hacia la pérdida total del aire mientras se espera un complicado rescate. Estremece a cualquiera pensar en tal situación y la película se aprovecha bien de ello para dar en la diana de los miedos más primarios y mantener la tensión en lo alto hasta el final sin necesidad de dramatizar artificialmente; se ha de tener un coraje mayúsculo para dedicarse a una de las profesiones más peligrosas que existen, como nos demuestra a las claras la cinta, y es innecesario para ello enfatizar una situación evidente por sí misma. La realidad puede dar lugar a los peores terrores.

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