El retorno después de tanto tiempo de esta saga no pudo ser más satisfactorio gracias a una notable 28 años después donde además se presentaba el personaje de Ralph Fiennes, protagonista de esta secuela. Por desgracia las buenas sensaciones de su antecesora se han diluido totalmente al cometer los errores tan habituales en este género, olvidarse de los muertos vivientes y ceder el protagonismo al psicópata genérico de turno. Y es que a lo largo de cien minutos asistimos a las fumadas, torturas y paranoias de un grupo de perturbados que no aportan nada y que solo sirven como transición a otra secuela que apunta mejores maneras gracias a una jugosa revelación final. Sorprende que el cambio en la realización apenas se haya notado de la anterior película a esta, y donde flaquea sea en un guion escrito por la misma persona.
Mi puntuación: 4/10

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