Mediados de los sesenta, Godard profundizaba en las ideas políticas de izquierdas, siempre desde una óptica escéptica, desencantada, aunque firme en los valores básicos de libertad, persecución de la utopía y de la búsqueda de alternativas a lo establecido. La plasmación de tales conceptos, y continuando el itinerario ácrata de la Nouvelle Vague, la encontramos en esta película de 1966 en la que el cineasta francosuizo habla de liberación sexual, de juventud desnortada, amor, desamor y de cultura popular e intelectualidad, la que siempre ha impregnado su obra. La protagoniza Jean-Pierre Léaud -habitual alter ego del otro grande de la nueva ola francesa, François Truffaut- que encarna a un joven idealista y mujeriego que vaga por la sociedad en pos de certezas. Podría parecer a primera vista una sucesión de banalidades insustanciales, pero su frescura y desvergüenza formal le aportan tanto valor como a cualquier otra obra anterior de Godard; de la magnitud de Banda aparte o Alphaville no es, y aun así se halla entre las de mayor significación en la etapa inicial y más creativa del prolífico director.

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