Las bondades que nos habían embelesado en El mariachi son elevadas, en esta secuela/remake, a un nivel superior gracias, en gran medida, a una enorme inyección de dólares, que sin convertirla en una super producción, sí que sirvieron para que contara con pirotecnia mucho más explosiva. Del mismo modo invirtieron en un reparto de mayor empaque, que en los casos de Banderas y Hayek, se beneficiaron del éxito de la cinta para lanzar sus propias carreras en Hollywood. Un cúmulo de factores que sin complicaciones y con un torpe y premeditado desparpajo, propiciaron una de las mejores cintas de acción de los noventa, la cual se disfruta mejor tomando unas copas de aguardiente y tequila blanco.
El actor Rubén Ochandiano y la actriz Elena Martínez
recibirán el Premio Talento del Festival Internacional de Cine Premios
Lorca de Granada (FICPLOG), que se abre este miércoles con la proyección
y posterior coloquio con el equipo del largometraje Hombre muerto no sabe vivir,
del malagueño Ezekiel Montes, y que protagonizan los dos homenajeados.
El certamen cinematográfico ofrecerá hasta el sábado un total de 37
películas –siete largometrajes y treinta cortos- a lo largo de doce
sesiones en los cines Megarama y en la Fundación Euroárabe.
Madrileño de nacimiento, Rubén Ochandiano estudió arte
dramático en la Escuela de Juan Carlos Corazza y, posteriormente, en el
seminario de Manuel Morón. También se formó como bailarín de danza
contemporánea en el Teatro de la Danza de Madrid. A finales de los 90
debutó en la pantalla con su aparición episódica en la serie Médico de familia, poco antes de integrarse en el reparto de Al salir de clase, serie en la que permaneció dos años.
En cine, debutó con Flores de otro mundo (Iciar Bollain, 1999), título al que siguieron El corazón del guerrero (Daniel Monzón, 2000), Asfalto (Daniel Calparsoro, 2000), Silencio roto (Montxo Armendáriz, 2001) -título que le otorgó su nominación al Goya al mejor actor revelación-, Guerreros (Daniel Calparsoro, 2002); La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003), Tapas (Juan Cruz y Jose Corbacho, 2005), Che (Steven Soderbergh, 2008), Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar, 2009) o Biutiful (Alejandro González Iñárritu, 2010), entre otros títulos.
Por su parte, Elena Martinez es una actriz malagueña
con amplia experiencia a nivel nacional en cine, television y
publicidad. En 2004 protagonizó el cortometraje Natasha, de Ezekiel Montes, antes de intervenir en la mítica serie de televisión Arrayán, de Canal Sur, e intervino como parte del elenco de La campana de Manolo, programa de humor de Manolo Sarria. En cine, destacan sus trabajos en Clandestinos (Antonio Hens, 2007), Prime Time (Luis Calvo Ramos, 2008), Akemarropa (F.J. Arranz, 2018), Este amor es de otro planeta (Daniel Diosdado, 2019) y Hombre muerto no sabe vivir (Ezekiel Montes, 2021), entre otros títulos.
Es digna de elogio la campaña de Netflix para promocionar esta serie que se ha convertido en un fenómeno de masas que no está a la altura de las expectativas generadas. Para empezar, ya hay otras ficciones asiáticas similaresrecientes, que siendo mejores, han pasado desapercibidas, pero tanto en cine como en televisión hemos podido ver infinidad de veces historias con pruebas sangrientas, por lo que la originalidad no es su punto fuerte. Tampoco unas exageradas actuaciones características de Corea, con personajes que simplemente te caen mal por sus aspavientos, aunque cabe reconocer que otros están realmente bien.
En los aspectos técnicos sí que cumple de manera holgada, con un llamativo diseño de producción, y pese no ser tan violenta como la venden, cuando lo es resulta bastante impactante y realista. Y el mayor problema son sus altibajos de ritmo; en general es una serie distendida y fácil de ver, pero que alarga en demasiadas ocasiones escenas y situaciones que no dan para tanto, por no hablar de que a lo largo de los nueve capítulos que componen esta primera temporada solo se celebran seis pruebas, culminando en una final resuelto con menos empaque del esperado.
La séptima edición del Foro de Desarrollo y Coproducción Internacional Ventana CineMad se celebrará del 24 al 25 de noviembre de manera híbrida: presencial en el Complejo El Águila (Ramírez de Prado 3, Madrid) y en su versión online.
En la primera jornada se celebrarán los pitch de los 18 proyectos audiovisuales seleccionados y en la segunda jornada tendrán lugar dos mesas redondas, organizadas con el apoyo de PIAF y EGEDA, sobre la puesta en marcha del Spain Audiovisual Hub y sobre la nueva Ley General de Comunicación Audiovisual.
Asistimos por sexta vez, y tras el parón de la pandemia, a la décima edición del Festival Fantàstik de Granollers que se celebró del 19 al 21 de noviembre y en el que se proyectaron "Beyond the infinite two minutes" y "Tres", dos películas que pegaron fuerte ese año en diversos festivales y cuyas proyecciones tuvieron lugar en el Centre Cultural de Granollers.
Os dejamos la lista de todos los largometrajes que se proyectaron. Clicando en el título de las películas resaltadas podréis leer la mini crítica correspondiente:
Estamos ante una larguísima presentación de una nueva línea argumental del UCM y de un extenso número de personajes, en una película cuya trama es básicamente montar un equipo a lo largo de dos horas para culminar en un atropellado desenlace de cuarenta y cinco minutos. Además, las señas de identidad de otras cintas de Marvel no están tan presentes como de costumbre, ya que la acción y los chascarrillos escasean, siendo los problemas personales de sus protagonistas lo que mayor tiempo ocupa dentro de un guion sobrecargado de información que ni más ni menos, reinventa el origen del universo. Al menos este exceso narrativo sirve para que no nos aburramos demasiado mientras nos cuentan algo inédito y trascendental, aunque del mismo modo de casi siempre.
Nada más comenzar ya sabemos el final de esta película, o casi, ya que a lo largo de dos horas y media asistimos a tres versiones diferentes de cómo alcanzaremos ese punto culminante, con algunas sorpresas por el camino, pero donde sobre todo llegaremos a conocer mejor a su trío protagonista, interpretado en igualdad de talentosas condiciones por Comer, Damon y Driver. Y lo mejor es que las historias no difieren tanto según quien las vive, simplemente cada cual las interpreta a su modo dentro de un despiadado contexto medieval capaz de asombrarnos, perturbarnos y erizarnos la piel. Por supuesto, y a pesar de su avanzada edad, con Ridley Scott dirigiendo, la calidad cinematográfica está garantizada, así que pocos argumentos hay en contra para perderse una de las cintas del año.
MEJOR PELÍCULA: CRABS! MENCIÓN ESPECIAL: SPICE BOYZ
SECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJES
MEJOR CORTOMETRAJE: SWEET MARY, WHERE DID YOU GO?
Mención especial a ELLA Y LA OSCURIDAD
MEJOR GUIÓN: INCARNATION (Noboru Suzuki) MEJORES FX Y/O MAQUILLAJE: TRANVÍA PREMIO VICTOR ISREAL MEJOR ACTUACIÓN: TRANSFER (Gène Bervoets) MencionEs al stop-motion de MALAKOUT; y a la interpretacióN de BAIT PREMIO MÉLIÈS D´ARGENT AL MEJOR CORTO EUROPEO: TRANSFER PREMIO DE LA CRÍTICA BLOGOS DE ORO AL MEJOR CORTOMETRAJE: TRANSFER
Profecías y maldiciones en la España rural con el alcalde, el cura y la Guardia Civil presentes como Dios manda, algo parecido a "El día de la bestia" versión rústica. Regusto a Álex de la Iglesia que sus seguidores percibirán también por las concordancias temáticas y escénicas con la reciente serie del director vasco 30 Monedas, Macarena Gómez incluida. La actriz cordobesa lo da todo, con intensidad e histerismo a raudales, la multitud de secundarios reconocibles no le van a la zaga en una entretenida, y prolongada, película que repasa todo tópico habido en el género demoníaco/preacopocalíptico/profético y posibles variantes. Desmadre desatado en un guirigay muy, muy hispánico.
Espada y brujería en una cinta de animación que bebe de las fuentes del cómic y la literatura de fantasía heroica que tan buenos ratos nos hicieron pasar a algunos en tiempos no tan lejanos, y con dos grandes clásicos del dibujo animado para adultos como ascendientes directos, reconocidos y reconocibles: "Heavy Metal" y "Tygra, hielo y fuego". Es en realidad un conato de resucitar un género que se quedó anclado en las mencionadas referencias que nos permite albergar una muy leve esperanza de que fructifique y de frutos posteriores. Violencia y erotismo que rozan la incorrección, o directamente se la saltan, precisamente por eso, y por añoranza, es por lo que tanto la hemos disfrutado.
Despiadada producción neozelandesa que no se anda con rodeos en ningún momento, más allá del que dan para volver a casa en la oscuridad, y que si bien impacta por la historia de fondo, es la crudeza de las imágenes y la sequedad de sus personajes lo que más hondo cala. Otra baza es el trabajo de su cuarteto protagonista que poco a poco va desgranando los personajes mediante sus convincentes interpretaciones y una revelaciones argumentales, que si bien no acaban desvelando todos los hechos ni justifican ciertos comportamientos, sirven para mantenernos en vilo durante los tensos y agrios noventa minutos que dura.
Lo inevitable es el fin del mundo, el apocalipsis, el Juicio Final, vamos, que de esta no se salva ni el Tato, el tan cacareado acabose que con frecuencia anuncian iluminados de sectas estrafalarias por todo el globo terráqueo. Una atmosfera cataclísmica que el argentino Fercks Castellani lleva adecuadamente por guion, actores y estética -el trabajo del director de fotografía Eduardo Pinto es excelente-, hasta que en las postrimerías se le viene una mijita abajo el armazón, pese a colocar algún que otro giro de los que epatan a la concurrencia. Con todo, propuesta airosa y de muy buena factura, aprovechable y meritoria en todas sus partes.
Coger un escalofriante personaje verídico para inspirar una película de miedo es una apuesta segura para aterrorizar al espectador, ya que los hechos reales que tuvieron lugar ponen de por sí los pelos de punta, algo que consigue este largometraje, más por estos méritos ajenos comentados que por aciertos propios. A través de la polémica por el tema que toca, y de las impactantes imágenes sexuales que muestra, pretende, y en ocasiones logra, perturbar y pese a lo irrespetuoso que pueda ser con las víctimas, en realidad es lo de menos, ya que la escenografía casera, unas actuaciones amateurs y un guion embarullado son los factores decisivos para que no nos la podamos tomar demasiado serio, y muchos menos trascender dentro del género.
Cine dentro del cine, de zombis y con bichos zombificadores que entran y salen como en una película de enredo vodevilesco. Los que hayan visto y disfrutado de la maravilla nipona titulada One cut of the dead le pillarán el tranquillo rápidamente a esta cinta noruega; no es que sea lo mismo, aunque juega a lo mismo (esperamos que se entienda tan redundante licencia explicativa). No es plato de gusto para toda clase de mesas, oscila sobre el alambre de la confusión y el caos y debería reírse más de sí misma, pero tiene la sustancia aceptable que facilita un apreciable esparcimiento.
Las apariencias engañan: ni los señores de la casa son perfectos, ni la niña tiene visiones enfermizas, ni la nueva criada es tan bobalicona. Lo que si queda claro es que los tailandeses se las gastan a lo grande, le pegan un volantazo al guion -óptimo como base argumental de un folletín particularmente truculento- de tal cariz que se podrían dar palmas con las orejas. Es más, el espectador listillo adivinará fácilmente por dónde va la función hasta el segundo capítulo, de los tres en que se estructura la cinta, pero de ninguna manera será capaz de imaginar el desbarre del tercero. Si tienen la oportunidad de verla no se sientan culpables si se lo pasan pipa.
Parodia canadiense de zombis con un trio protagonista de lo más salado: un adolescente bastante memo, un tronado survivalista y un bebé capaz de gatearse una maratón. La sorna burlesca de la high society, sus cochazos, mansiones y campos de golf encabezan el tinglado, lástima que ese nivel tronchante caiga en barrena demasiado pronto, si no podría haber sido una de las comedias fantásticas del año. Pero, aun así, se conlleva con suficiente agrado los minutos excedentes, que no de la basura, a base de filetes de muertos vivientes, conspiraciones empresariales y unas cuantas raciones de antifascismo/racismo y ecologismo.
Una casa encantada y familia de mudanza, lo que ya hemos visto tantas veces en libros, series y multitud de películas, temática tan manoseada que ya no hay manera de que pueda aterrarnos o sorprendernos. El único margen de singularidad es crear una atmosfera y un escenario adecuados que nos hagan soslayar los tópicos y entremos en el partido. Pues bien, esta producción sueca casi lo consigue, con habilidad y buen pulso mantiene la atención en la pantalla, por ello le consentimos los defectos, nos hacemos cargo de todos ellos y disfrutamos holgadamente de unos minutos de evasión entre los acostumbrados sustos, gritos y fantasmas latosos.
La fe mueve el mundo, la fe en lo ordinario, en superar el día a día con el deleite de los pequeños detalles cotidianos, encontrar lo bello entre lo superfluo e insustancial, una forma de reencontrar a Dios para los que lo han perdido. Es lo que nos viene a decir esta película tras una primera mitad centrada en un posible caso de posesión demoníaca en un convento, pasar en un plis plas de un exorcismo a una crisis vital en un cambio radical de discurso que desorienta al más pintado es el gran acierto de esta propuesta harto inusual; enlaza terror y reflexión, espectáculo e inteligencia sin mezclar conceptos y dejando un agradable sabor de boca.
La desolación del ser humano, tanto a nivel global como individual, es uno de los muchos temas vitales que toca esta distópica producción británica, escrita y dirigida por el cineasta español Chino Moya, quien se estrena con sumo riesgo y éxito en su primera incursión en los largometrajes de ficción. Y lo hace con una historia surrealista e inescrutable, que juega a su antojo con los reglas de la narrativa para convertir narradores en protagonistas, y viceversa, e hilando diferentes tramas independientes de un modo ocurrente, en las que sueños y realidad se/nos confunden, todo ello acompañado de una sugestiva banda sonora que enfatiza una sensación permanente de desasosiego, embadurnando una película que plantea preguntas difíciles de discernir y cuyas respuestas se antojan directamente imposibles.
Víctor Matellano nos trae un divertido y cariñoso documental que repasa el recorrido de Arturo de Bobadilla, un clásico de la semana donostiarra, partiendo de su faraónico e inclasificable proyecto "Los Resucitados", película de culto del fantaterror español. Demostrando mucho respeto y mucho humor hacia su personaje protagonista, es imposible no emocionarse con esta historia de pasión, de persecución de sueños y de amor al cine, mostrando todo el placer y el dolor que se se deja en el camino. ¡Motores!.