A principios del pasado siglo el ferrocarril era el medio de expansión de una Norteamérica que habría de convertirse en la mayor potencia económica global, los raíles se iban extendiendo como una tela de araña por toda la geografía. En ese entorno surge la figura de Robert Grainier (Joel Edgerton), un leñador solitario y circunspecto perdido en un mundo que le es ajeno y que, pese a todo, logra alcanzar algo parecido a una vida perfecta, pero la fatalidad le obligará volver a una soledad de vanas esperanzas. Drama existencial con todas las de la ley sobre el sentido de la vida en sociedad, sobre la naturaleza como refugio, origen y final y sobre lo que realmente importa, con el tren como símbolo de lo que ha de venir inevitablemente, de ese cambio total y definitivo del paradigma social hacia la modernidad tecnológica. Magnífica fotografía que resalta sobremanera el entorno natural con una cadencia pausada, reflexiva y nostálgica por una forma de vida ya desaparecida. Es la apuesta de Netflix para los Oscar del 2025; seguramente alguna de las estatuillas doradas le va a caer.

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